Durmiendo con el E-nemigo

Durmiendo con el E-nemigo
2
ene

Uy qué abandonado tenía esto… y aunque no tengo mucho tiempo para contar mis batallitas, qué mejor que cerrar el año y empezar uno nuevo con un post con un poco de polémica. Padre, he pecado. Sí, me he acostado con el demonio… he probado una E-bike, una bici de pedaleo asistido.

Yo, talibán anti bicis eléctricas, he aceptado que debía probarlas para poder seguir metiéndome con ellas. Gracias a Moses por querer llevarme al lado e-oscuro, a Iñaki Gavín por intentar abrirme la mente (que no el culo), y al mítico Juan Ochoa de Bicimanía por dejarme probar una estupenda Trek Powerfly 9 LT Plus. Lo más de lo más de la marca de Waterloo en bicis de pedaleo asistido…

Cuando ves que el “staff” de otra marca americana de renombre como Specialized está todo el día con las e-bikes dale que te pego, puedes pensar que es una estrategia de mercado como cuando sólo tenían ojos para las 29″. Pero seguramente pensando eso te equivoques, y su insistencia en este nuevo segmento sea simplemente porque realmente les parecen el futuro (o el presente ya).

Cuando ves que la gente de la prensa del sector, a la que conoces personalmente, no dejan de hablar bien de las “pedelec”, y de animarte a abrir tu mente y probar algo nuevo, quizás pienses que no hacen sino seguir la tendencia de mercado que dictan las marcas, que al fin y al cabo son sus clientes. Incluso puedes pensar eso mismo cuando te encuentras al director de la revista Bike en un paso de ganado de un sendero serrano, y sin que tú te hayas dado cuenta de que está probando una e-bike, sea él quien te lo remarque, invitándote a salir con él un día a probarlas para ver la pasada que son. Pero nuevamente seguramente te estás equivocando si piensas que es una tendencia interesada o dirigida por el mercado, y sea realmente que los medios piensen también que es un nuevo producto imparable.

Y cuando un par de amiguetes como Santi y Moses sutilmente te van machacando para que te animes, destacando sus bondades y su idoneidad para alguien con sobrepeso y sin forma alguna como yo, pues… simplemente tienes que decir ¡qué coño, vamos a probar esto, a ver si realmente están poseídas por el demonio!

No voy a daros la chapa con el comportamiento de la Trek que he probado, porque seguramente eso dé para otro post… Pero es verdad que no le puedo poner ni una pega. Tampoco es verdad que es mi primera vez, y que la haya probado tan a fondo como me hubiera gustado: una ruta por San Rafael (Segovia), con subida a Los Leones por el camino del Arcipreste y con la senda del Ingeniero después… unos 25kms en poco más de 2 horas, con 615 mts de desnivel positivo, en un terreno bastante variado, eso sí.

Y tampoco os voy a enumerar las mil y una ventajas de este tipo de bicis, ventajas que están ahí, que cambian la forma que tenemos de ver y practicar la bici de montaña. La mayoría de ellas son indicutibles, y sinceramente no creo que sean “marketing interesado”. No, mi opinión y mi conflicto interno no van por ahí…

powerfly

Soy tonto, lo sé, pero… la primera sensación que me echa para atrás es la de la ayuda… que me parece un poco engaño. Me he sentido un poco “deshonesto” en la ruta. No sé, eso de salir con gente que te da mil vueltas físicamente, a la que apenas podría seguir ni en el llano… y ver cómo van “madurando”, y acaban penando… y tú sigues hablando en las subidas como no lo has hecho en la vida… Se me ha hecho muy raro. Acostumbrado a ir siempre el último, penando y sufriendo, es como cuando un amigo te echa la mano al Camelbak para empujarte. Así me he sentido toda la ruta, como que me estaban empujando en cada subida y no era yo el que pedaleaba, y con eso, como que estaba siendo deshonesto y un poco “tramposo” con los dos compañeros que venían en bicis sin asistencia al pedaleo.

También os diré que me he sentido como si estuviera practicando otro deporte. No voy a exagerar diciendo que es como si yo hubiera ido en “moto” mientras los demás iban en bici. Evidentemente es bici de montaña lo que he hecho, pero igual que hoy en día hay muchas disciplinas que casi son deportes distintos… pues así me ha hecho sentir la e-bike. ¿Se parece en algo ir a un bikepark con una bici de 200mm a hacer 20 bajadas, a hacer una ruta de 70 kms con 2.500 mts de desnivel echando 6 ó 7 horas de sufrimiento? Pues la ruta con la Superfly me ha parecido como hacer otro deporte. Y no os confundáis. Por su puesto que se dan pedales, y se suda, y se sufre tanto como quieras, según administres la ayuda al pedaleo.

Y para que quede bien claro, es divertidísima. Endemoniadamente divertida. Creo que no me divertía tanto en una ruta desde hace… bufff… ni me acuerdo. Desde que estaba más o menos en forma, si es que alguna vez lo he estado.Porque esa ha sido la tercera gran sensación de la ruta. La de estar en forma. La de recorrer senderos, acelerar a la salida de las curvas, y subir los repechos como si estuviera en forma, como si tuviera la mejor forma de mi patética historia biker. Sensaciones de las que ya ni me acordaba…

¿Es que soy de los que no entiende la bici sin una buena dosis de sufrimiento, o simplemente no quiero aceptar que existen otras maneras de disfrutar de la bici? No sé, a fecha de hoy, no lo veo claro… pero seguro que en ese segundo punto es donde está la clave. Aunque yo acepte que lo que se hace en un bikepark es “bici”, aunque piense que no tiene nada que ver con la forma tradicional de montar en bici, seguramente cuando acepte que las e-bikes son simplemente eso, otra forma distinta de montar en bici, que nada tiene que ver con la manera clásica, pero que es tan válida como otras… pues entonces se acabará mi talibanismo. Seguro que con otra salida que ya tenemos medio programada, acompañado por Juan Ochoa, sea suficiente para abrir mi mente. Pero…

Pero la última de mis reticencias es que esta forma de practicar la bici, igual que otras como el DH, sean la excusa perfecta para que en zonas “sensibles” como la Sierra de Guadarrama, los colectivos que están radicalmente en contra de la bici de montaña, encuentren un nuevo filón para atacarnos. Y de verdad, que no lo digo tanto por aquello que comenta un amiguete, de que la bici de pedaleo asistido puede popularizar nuestro deporte y atrarer a más gente a estos espacios naturales donde nos tienen en el punto de mira.

En eso no soy tan talibán como mi amigo Talus… reconozco que me gusta que determinados espacios queden lo más inaccesibles posibles a la gran masa, pero no se me puede olvidar que la constitución ampara el derecho de todos a disfrutar del medio natural, y precisamente los responsables del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama están obligados precisamente a eso, a conciliar la conservación con el derecho de todos a disfrutar del monte. Particularmente para mi la clave está en que el medio no se debe alterar para hacerlo accesible, pero no cómo podemos acceder a él. Es decir, a mi me parece que es una aberración lo que se hizo en el Camino Schmidt con la excusa de “hacerlo accesible”, pero no me parece tal aberración que alguien que por forma o por discapacidad no puede acceder normalmente a un sitio así, encuentre una “herramienta” como una bici de pedaleo asistido que se lo permita, dentro de unos límites. Alterar el medio no, pero encontrar la manera de que quien no puede acceda a ese medio, sí.

Y ese será el problema. Hasta ahora el límite de lo prohibido era la “moto”. Y seguro que algunos colectivos tratarán ahora de que el límite sean las e-bikes, y aprovechar eso para arrastrar a las bicis normales al mismo saco. Y a buen seguro que lo harán ignorando que desde la UE queda meridianamente claro que las bicis de pedaleo asistido son eso, bicis. Aunque no les guste a ellos, son bicis.

Veremos… yo voy a ver si sigo abriendo mi mente, o si sigo siendo un carroza.

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