El triple engaño

El triple engaño
28
jul

Me siento triplemente engañado. Me he tirado 4 meses de abstencia alcohólica, y sólo puedo decir que ha sido todo un engaño

Con 10 y pico de ácido úrico, o sea, una clara hiperuricemia, y con cada vez más ataques artríticos que derivan en ese ojo asqueroso que ya os he enseñado, mi reumatóloga me prohibió terminantemente la ingesta de bebidas alcohólicas, por lo que para calmar mi pseudoalcoholismo cervecero me entregué a esa infamia llamada cerveza sin alcohol. Un cuatrimestre bebiendo esa mierda, en diversas formas y colores. Con limón, o a palo seco… 0’0 de San Miguel, Free de Damm, Sin de Mahou, la de Estrella Galicia, alemanas, españolas, sin padre y sin madre… todo basura…

Al final, mi perturbado y castigado gusto se ha venido conformando con esas tristes latas azules rotuladas con el SIN de Mahou. Y hete aquí que llega el primer engaño… ¿SIN qué? ¿SIN alcohol? Pueeeeeees ¡¡¡no!!! Resulta que en la letra pequeña dice que tiene un 1% de contenido alcohólico. Y tienen que venir mis suegros de Francia para leerse una lata y decirme que aunque Mahou la llame SIN, dice que tiene un 1% de alcohol. Vaya truño, vaya timo… SIN sabor sí, pero SIN alcohol, no. Imagino que eso de llamarla CASI SIN, no vende.

El caso es que durante estos cuatro meses me han vuelto a dar un par de ataques artríticos, a pesar de mi imperturbable comportamiento con respecto al alcohol. El fin de semana que inauguramos el Nukeproof Test Center, y en el que enlazamos varias (por no decir muchas) barbacoas seguidas… de esas cerdas… de panceta, chorizo y morcilla… ¡zas! articulaciones sufriendo, anti-inflamatorios al canto, y el ojo que se pone chungo. Y el fin de semana que estuvimos en casa del Pater, lo mismo. Y eso que os juro que yo no me separaba de la SIN (o a veces la 0’0 con limón).

Así que estaba claro que no iba a abastar con dejar el alcohol. Iba a tener que eliminar todos aquellos alimentos que aumentan el ácido úrico, responsable de la hiperuricemia. Pues… es aquí cuando llega el segundo engaño. Buceando por la red, que ya sabemos que tiene mucha paja, doy con el blog del Dr. Antonio Ponce, reumatólogo. Y confieso que no he perdido el tiempo en comprobar la veracidad de sus afirmaciones, pero… es que lo leo una y otra vez, y ¡me lo creo!

Dice el Dr. Ponce que el problema no es el alcohol, que obviamente no es bueno. Como el problema no es el marisco ni las carnes rojas, que obviamente tampoco son lo mejor. Fijaros que respecto a estos últimos dice claramente que Mi opinión, como buen hedonista, es que no es necesario prescindir de aquellos productos tan apetecibles como el marisco y la carne siempre que seamos moderados, pues sabemos que una dieta monacal y austero exenta de todos estos productos, tan solo logra disminuir el ácido úrico en sangre 0,5g/dl, y esto realmente es poco para el gran sacrificio que le supone a muchos de mis pacientes.

Pues el segundo de los engaños viene de la mano de la cerveza. El gran problema no es que sea una bebida alcohólica, que insisto en que desde luego no es lo mejor. El problema tiene nombre cachondo: la guanosina. Según el Dr. Ponce, Es muy conveniente que disminuya la ingesta de alcohol, pero fundamental que no tome cerveza, ya que la misma contiene un aminoácido llamado guanosina que aumenta mucho la vía metabólica de las purinas que termina con la producción de ácido úrico. Da igual que me haya tirado cuatro meses bebiendo SIN… el alcohol no estaba (bueno, un 1% sí), pero la que sí estaba ahí acechando era la guanosina. Qué hijaputa…

Seguro que es la jodida guanosina es la responsable de que después de este cuatrimestre mi ácido úrico siga por encima de 9. Y eso que el colesterol, los triglicéridos, las transaminasas, y todo… está dentro de los límites recomendados. Algo que no pasaba al menos desde el año 2008, que es desde cuando guardo los resultados mis análisis de sangre.

Entonces si todo esos valores ya están bien, el sacrificio parece no haber sido en balde, ¿no?. Casi todo ha vuelto a su sitio. Casi todo, pero no todo… el ácido úrico sigue ahi, y el peso sigue disparado. Y eso desvela el tercer engaño.

Yo. Yo soy el tercer engaño. El hombre excusa. Ya lo veis… que si la SIN… que si la guanosina… pero la culpa nunca la tengo yo. Y seamos sinceros, todo esto sólo tiene una explicación. Si estoy mal, es porque yo lo permito. Sin paños calientes.

Así que ya va siendo hora de ponerle solución. Yo, talibán del sendero, me dedico a “atrochar” con mi salud. Yo, amante de la pureza del singletrack perfecto, me dedico a buscar atajos en mi lozanía. Esto me lleva a humillarme una vez más, a someterme otra vez a escarnio público. A iniciar…. ¡¡¡¡la decimonovena operación Downsizing!!!! (o qué sé yo… ya he perdido la cuenta…)

Eso sí, esta vez… de la mano de mi reumatóloga, de un endocrino o un nutricionista (el endocrino de hoy no me ha molado… seguiré buscando en Adeslas), de mi neumóloga, de mi entrenador y preparador… y por su puesto, con la vigilancia y supervisión de mi señora. ¡Va por ti!

PS: aquí está el blog del Dr. Ponce

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